El Rey Kamehameha unificó Hawaii
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Las Isla Hawaii
En el corazón del Pacífico

Cuando Kekuiapoiwa, la futura madre de Kamehameha, llevaba a su hijo en las entrañas, solicitó de su esposo y rey, el ojo de un gran guerrero. En su lugar recibió el de un tiburón blanco, devorador de hombres. El Kakuna o Gran Hechicero profetizó que aquel deseo significaba que el hijo de Kekuiapowa se convertiría en un rebelde y un gran conquistador. Alapainui, el ya anciano cacique de la lejana isla de Hawaii, asustado por el terrible oráculo, planeó ajusticiar en secreto al que iba a nacer.

Muchas son las ínsulas de un archipiélago que nos suena tan lejano y hacia el que experimentamos una fuerte atracción. Los pobladores de pedazos de tierra rodeados por mar nos sentimos unidos a pesar de las distancias, nuestra idiosincrasia es tan similar que nos comprendemos mutuamente sin tener que establecer contactos físicos, el hecho de poner el pié en otra isla es como sentirse en casa y todo esto ocurrió cuando escuchamos el "aloha" en el aeropuerto de Honolulu. Cambio de avión y rumbo a Hilo, la capital de la Gran Isla de Hawaii. Sin saberlo estás buscando un lugar, un rincón. Sin conocerlo, sonaba en nuestros oídos un nombre, una leyenda, una realidad.

Una oscura y tormentosa noche, en la región de Kohaka, al norte de la Gran Isla, cuando una extraña estrella con cola muy brillante cruzaba en firmamento, llegó la hora, y Kakuiapoiwa dio a luz a un robusto bebé.

Cuenta la leyenda que la débil madre, después de un doloroso y largo parto, hizo entrega a Nasole, un jefecillo local que le era fiel, del recién nacido, y éste, fue escondido en Awini. Hubo una intensa búsqueda por parte de los guerreros de Alapainui, su padre, del lugar donde el pequeño Kamehameha se encontraba, similar a la que, cuentan la Biblia, protagonizó el rey Herodes con Jesús. Y, al igual que Moisés, el niño, futuro rey, se salvó ocultándose en una cesta tejida de fibras de olona.

¿Dónde terminaba el mito y empezaba la historia? Probablemente nunca lo sabríamos. El único punto de referencia válido lo hallamos en la extraña estrella de larga y brillante cola, el cometa Halley, que en 1758 fue visible en Hawaii. Aunque para todos los hawaianos, los extraordinarios sucesos que ocurrieron durante el nacimiento, vida y muerte de Kamehameha, su héroe nacional, no se apartaban ni un ápice de la realidad y jamás se pusieron en duda.

Aquel gran guerrero, con un golpe de audacia, invadió Maui en 1790 y, finalmente, veinte años más tarde, subyugó y unificó a todo el archipiélago. Kamehameha ocupa un lugar especial en la Historia, no sólo de las islas que visitábamos en aquel momento, sino de toda la Polinesia. Conquistador, rey, hombre de estado, jurista, Kamehameha (1758 - 1819) ha sido llamado el "Napoleón" del Pacífico. Valientemente, el joven rey, arrancó a Hawaii de la Edad de Piedra, sin olvidar ni abandonar las tradiciones de sus ancestros causando un gran impresión al capitán James Cook, descubridor oficial del archipiélago en 1778, y que tuvo la desgracia de morir allí durante una escaramuza sin importancia. Kamehameha es recordado como el padre de todos los huérfanos, el sostén de los débiles y ancianos, el más grande granjero, el infalible pescador y el socorro de los necesitados.

Hawaii visto del Satélite

A finales del siglo XX no era ningún problema es desplazarse de un lugar a otro en la Gran Isla. Bien comunicada cuando los volcanes daban su beneplácito, nos sentimos precisamente con la obligación de solicitar su permiso, de modo que nos dirigimos de inmediato hacia el Parque Nacional de los Volcanes a las faldas del Mauna Loa.

Muy poca actividad, tanto por parte del Kilauea como por parte de los turistas. Se confirmaba que el mes de Noviembre era temporada baja y el sendero que ascendía a la cumbre más alta de la Tierra se encontraba húmedo y solitario.
Hawaii es la Gran Isla.
Y donde se encuentra el Parque Nacional de Los Volcanes

¿La cumbre más alta del planeta? ¿Qué no era el Everest? Todo dependía desde dónde se empezaba a contar y los hawaianos/americanos, amantes de poseer en su territorio todo lo más alto, más ancho y lo más profundo, contaban desde el fondo del Océano Pacífico que, al fin y al cabo, era de dónde había empezado a vomitar lava el Mauna Loa, unos seis mil metros allá abajo, hasta los más de cuatro mil sobre el nivel del mar.

La ascensión al gran volcán iba a ser solitaria y tuvimos que contar dos días extras por obras en el camino asfaltado hasta la cabecera del sendero y desde allí ... a lo desconocido.

La lluvia fue nuestra constante compañera los dos primeros días hasta que alcanzamos el refugio de la Colina Roja donde pernoctamos con los dos únicos caminantes que se encontraban por aquellos lares. La magnífica charla con intercambio de experiencias, ellos bajaban y nosotros subíamos, constituyó una inapreciable ayuda. Todos los caminos se hacen más cortos al ser conocidos y andar sobre un volcán activo no era precisamente un camino de rosas.
Oahu es la isla capital
Pearl Harbour, Honolulu, Waikiki

Alcanzamos la vista del enorme cráter del Mauna Loa casi ocho horas despus de haber salido del refugio y allí arriba habían construido otra pequeña cabaña para descanso, tanto para los vulcanólogos como para los curiosos. Decidimos no hacer altos por el camino por varias razones... ¿Para qué? teníamos que descender por la misma ruta y era prioritario alcanzar el refugio antes e la puesta del sol. Sobre el terreno volcánico que pisábamos no pudimos, prácticamente nunca, llegar a poner el pié plano, la sola idea de tener que pasar una noche sobre un lecho tan duro y puntiagudo daba alas a nuestros piés llenos ya de ampollas. Ahora... ¡qué bien valió la pena el esfuerzo! Un atardecer cerca del ecuador y a más de cuatro mil metros de altura era un espectáculo que no podía superarse en ningún otro escenario.
Kauai es la isla habitada más al Norte
Y la que recibe más lluvia

Las islas Hawaii, una veintena en total, son territorio soberano de los Estados Unidos, unos 17 kilómetros cuadrados y alrededor de 750.000 habitantes, desde 1898, habiendo pasado a ser el 50º estado de la Unión en 1960. Sus pobladores pertenecían a todas las razas del planeta. El choque y posterior trauma, tanto físico como psíquico, que los antiguos hawaianos tuvieron que padecer al entrar en contacto con las llamadas culturas occidentales, no había conseguido erradicar todas las costumbres y tradiciones de aquel pueblo secular, hoy minoritario en su tierra. El puritanismo que siguió a la colonización fue fácilmente vencido y un buen ejemplo lo encontramos en su más típico folklore, en su danza más representativa: el Hula. Los pies desnudos clavados en el fresco césped; las faldas de trenzadas hierbas dando enfebrecidas vueltas en las cinturas de las bailarinas, mientras suena el rítmico tambor y se entona una melodiosa canción. El Hula o lenguaje de las manos, con los que los ancianos describían la lluvia, el viento, las fuerzas de la Naturaleza y, sobre todo, dejando bien claro que lo que verdaderamente se celebraba era el valor y la destreza de Kamehameha, cuyo principal deber era el de transmitir su "maná" (poder espiritual) a las sucesivas generaciones. Bea

-"Existen hulas para la vida y hulas para la muerte, hulas para los reyes y hulas para los plebeyos, hulas para la alegría y hulas para la tristeza"- decía el kakuna Cazimero -"El hula es el latido de nuestros corazones."-

Y si difícil había sido el ascenso al Mauna Loa, no menos penoso fue el descenso ahora bien, pudimos disfrutar mucho más del paisaje que nos rodeaba, asomarnos al precipicio de Lua Poholo y bordear la caldera de Mokuaweoweo, asombrarnos ante la sucesión de brillantes colores que la recién enfriada roca volcánica nos ofrecía y que los rayos del sol acentuaban entre los conos apagados de Dewey y Soplador, ceniza volcánica cristalizada que actuaba como cuchillas sobre la piel de nuestras botas. Problemática era la cuestión de recoger unas muestras como recuerdo. Todavía resonaba en nuestros oídos la maldición que caía sobre los que se llevaban un trozo de lava como recuerdo de Hawaii, aunque albergábamos serias dudas si la leyenda era cierta o no, teniendo en cuenta lo amantes que eran los americanos de recoger todo cuanto podía servirles de recuerdo, era de suponer que poco Mauna Loa quedaría si cada visitante se llevara un pedazo en cada visita.

La ascensión a la montaña/volcáa fue una magnífica experiencia aconsejable a cualquiera que visite las islas Hawaii, fueron 43 kilómetros por partida doble siempre bajo la tutela de los vigilantes del parque nacional que, atentos a la evolución del magma en las entrañas del volcán, hubieran venido a rescatarnos en caso de peligro. O, al menos, fueron esas sus intenciones y nuestras esperanzas.

Imágenes de HAWAII
Erupción del KILAUEA
La ascensión al MAUNA LOA

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