Dioses portadores de lluvia Kimberley, La Tierra de los Wandjina

D escubrir que el tiempo no existe. Descubrir que a pesar de haber desarrollado las más avanzadas tecnologías, seguimos midiendo en 24 horas el tiempo en que este planeta, todavía azul, rota sobre sí mismo. Descubrir que el tiempo no existe. Descubrir que el tiempo parece haberse detenido en el Kimberley, tal vez la última región poco explorada de Australia, un lugar con connotaciones mágicas: la Tierra de los Wandjina.

A la entrada de la región del Kimberley pero... Todavía en los Territorios del Norte

No nos estaba permitido transportar frutas y verduras de una provincia a otra. Bien, las últimas provisiones frescas, adquiridas en el Centro Comercial de Casuarina, a las afueras de Darwin, fueron devoradas prontamente. El calor comenzaba a apretar de firme, eran las nueve de la mañana de un lunes, 24 de Noviembre de 1997, y nos disponíamos a cruzar la frontera entre los Territorios del Norte y Australia Occidental. La fuerte impresión que nos había causado nuestra visita a la cueva del Sueño de la Cacatúa, en el Parque Nacional del río Keep, justo sobre la ilusoria línea fronteriza, estaba muy presente en nuestras memorias.

La soledad era absoluta. A la entrada del parque, una construcción de madera, con algo de información sobre el lugar esparcida por los suelos. Una ranura encima de un tubo metálico nos invitaba a depositar unos cuantos dólares australianos, como peaje a una pista pedregosa y polvorienta. Unos cuantos kilómetros atrás, a orillas del río Victoria, nuestro primer intento de acampada libre había fracasado, la proximidad de las fangosas aguas, pobladas por los temibles y enormes cocodrilos porosos nos había hecho cambiar de idea. Los primeros baobabs habían aparecido y marcaban la frontera real del Kimberley.

Sin demasiadas dificultades el sendero nos condujo ...
Directamente a la Galería de Pinturas Rupestres

Aquella noche pernoctaríamos en Kununurra, tomándonos una par de días de descanso a orillas del río Ort. Refrescarse en sus aguas... ¿Refrescarse en sus aguas?, Aquello iba a ser otra historia. Pero, revisar el motor de nuestro vehículo, cambiarle el aceite y aprovisionarse, era ya otra vez necesario, la ruta del río Gibb estaba muy cerca. ¿Y los Wandjina? ¿Y la gruta del Sueño de la Cacatúa?, Nuestro primer contacto se hallaba unos kilómetros antes de la ciudad y para ello abandonamos el asfalto y nos adentramos por el bosque hacia la garganta del río Keep. Los enormes baobabs (Adansonia gregorii) ya mostraban sus nuevos brotes, señal inequívoca de que la estación de las lluvias estaba pronta a comenzar. Siempre nos habían fascinado estos grandes árboles, llamados también árboles botella, debido a la forma de sus troncos y a su capacidad para almacenar líquidos, sobreviviendo así a largos períodos de sequía. Nueve especies existen en el mundo, una en Africa continental, siete en la gran isla de Madagascar y la novena sólo en el Kimberley, todos ellos lejanos parientes que, un día, hace 150 millones de años, poblaron el gran continente de Gondwana.

Alcanzamos un claro del que salía un pequeño sendero. Allí tuvimos que abandonar el automóvil y seguir a pié. Un pandanus nos enseñó su rojo fruto. El reino vegetal y mineral era omnipresente pero del reino animal parecíamos los únicos representantes. La alta temperatura que ya mostraba el termómetro, sólo era soportable por algún que otro viajero despistado. Los canguros, tres especies poblaban la región, se encontraban ya a buen recaudo en sus guaridas. El bosque de pequeños eucaliptos se confundía con las altas rocas y detrás de un refugio natural apareció la galería del Sueño de la Cacatúa.

Era la galería de arte rupestre de Nganalang, utilizada por los Mirriwung y Gadjerong, como cobijo durante la estación lluviosa. La profusión de pinturas y los diferentes estilos utilizados, reflejaban el prolongado uso que estos pueblos aborígenes habían hecho de este refugio.

Las galerías policromadas de pinturas en el ...
Refugio del Sueño de la Cacatúa

Los tres omnipresentes colores, el ocre, en sus múltiples matices, el negro y el blanco. Las capas se superponían unas a las otras, como si las distintas generaciones de artistas no hubieran encontrado otro lugar más idóneo donde plasmar sus impresiones, sentimientos y deseos. De nuevo entrábamos en el Tiempo de los Sueños.

Dos figuras fantasmales, de casi dos metros y de un rojo sangre, pintadas sobre el techo del refugio, dominan toda la galería. Sus grandes cabezas redondas desparramaban rayos a su alrededor, mirando, con grandes ojos en una cara sin boca, hacia una enorme serpiente de más de 10 metros, también de color rojo sangre. Otras figuras humanoides y propios de la fauna local se adivinan entre las capas y capas de pintura. Al fondo, toda la pared quedaba cubierta por lo que se adivinaban las firmas de los desconocidos artistas, las huellas de sus manos, en negativo y en positivo.

La omnipresente representación de la ... Serpiente Arco Iris

Todo el lugar era tan impresionante como fascinante. El dedo se nos puso ágil y lo fotografiamos todo. Aunque, tal vez, al no haber solicitado algún tácito permiso a los Wandjina para tomarnos tantas libertades. Nadie del reino animal se encontraba cerca de nosotros como para solicitarlo pero, alguna regla debimos romper, algún precepto. Una de las cámaras fotográficas se atascó y dejó de funcionar.

la laguna de la Cacatúa

Las horas iban transcurriendo y el calor iba en aumento. Satisfechas nuestras necesidades de inmortalizar nuestra visita y sin desear, ni por un momento, disgustar a los espíritus de la gruta del Sueño de la Cacatúa, abandonamos los artilugios modernos, nos sentamos y, simplemente, nos dejamos envolver por el entorno. Nada ni nadie perturbó aquellos mágicos minutos. Fue nuestro primer contacto con los Wandjina. Nos retiramos del lugar para ir a almorzar cerca del río Keep.



George Grey (1812 - 1898) descubrió la primera galería de Wandjinas en el río Glenelg el día 26 de Marzo de 1838, durante su expedición al Kimberley Occidental (1837 - 1838). Escribió en su diario:

"... Parecía que salía de la roca; y me quedé ciertamente sorprendido cuando vi, por primera vez, aquella gigantesca cabeza y la parte superior del cuerpo, doblándose, desde la penumbra del abrigo rocoso, hacia mí".

"La cara y la cabeza de la figura estaban envueltas en una sucesión de bandas o turbantes, o lo que aparentemente quisieran representar pintando aquellos trazos de color rojo, blanco y amarillo;
Y los ojos eran los únicos rasgos representados en la cara.

En la misma galería había una figura principal, completamente vestida con la cabeza rodeada de bandas o turbantes en los cuales parecía que había algún tipo de escritura. Grey escribió en su diario:

"La cara y la cabeza de la figura estaban envueltas en una sucesión de bandas o turbantes, o lo que aparentemente quisieran representar pintando aquellos trazos de color rojo, blanco y amarillo; y los ojos eran los únicos rasgos representados en la cara. En lo más alto de la cabeza y en el turbante exterior, una serie de líneas estaban pintadas en rojo, pero aunque dichas líneas eran muy regulares e indicaban algún significado, ha sido imposible determinar si eran caracteres escritos o algún tipo de ornamento para la cabeza".

Wandjinas del Kimberley La descripción que hizo Grey de la extraña "figura vestida", descubierta en una región tan remota y que todavía permanece inaccesible, era tan intrigante que ha atraído la atención de todo tipo de estudiosos, desde académicos hasta extremistas como Erich Von Daniken. Durante los últimos 150 años, esta ha sido la pintura a la que más frecuentemente se han referido los expertos, sensacionalistas y fanáticos religiosos, asociándola con antiguas visitas de chinos, japoneses, malayos, egipcios, persas, o visitantes del espacio exterior, todas basadas en la descripción hecha por George Grey. El Reverendo John Campbell, profesor de Historia de la Iglesia en Montreal (Canadá), interpretó los caracteres escritos como antiguo japonés, entre el siglo X y XI, significando: "El trágico número es". Las respectivas líneas de 21, 24 y 17 pequeños círculos rojos pintados al lado de la figura hacen un total de 62, y Campbell lo interpretó como "El trágico número es 62", refiriéndose a 62 marineros japoneses desaparecidos.

Comparando el dibujo de Grey con la pintura original se han descubierto gran cantidad de detalles, u omitidos, o erróneamente descritos, sugiriendo que Grey hizo la descripción de la figura utilizando sus recuerdos. Los supuestos caracteres escritos son, de hecho, parte de una pintura anterior consistiendo en múltiples formas de hojas de plantas. Porciones de estas formas irregulares, no sólo se hallan en el área del aura de la cabeza, sino en la parte exterior y superior de la misma.

La información obtenida por H. Coarte en 1947 de los aborígenes locales indica que el lugar era llamado "Bandidjin", y estaba asociado con la región lluviosa de Galarunjari. Es muy probable que la figura represente uno de los Garinrinjas, espíritus mucho más temidos y asociados con los tornados, muy diferentes de los Wandjinas.

Pero, tal vez, la muestra más importante de arte rupestre de la región de Kimberley conectada con la mitología de los Wandjinas, sea la galería de Wanalirri. Relata la historia de una legendaria batalla entre un grupo de Wandjinas y, al menos, siete clanes aborígenes.

Y los dos grandes espíritus  de cabezas irradientes.
Dominan todo el lugar

La tradición cuenta la historia de cómo los aborígenes fueron castigados, por su crueldad, por los buenos espíritus Wandjina. La figura clave de este mito es un pequeño búho, llamado Doombi.

Dos jóvenes aborígenes cazaron a Doombi, quien era hijo de un Wandjina, le desplumaron vivo y le clavaron afiladas hojas de spinifex en el cuerpo y en los ojos que le cegaron. Los dos aborígenes le dejaron malherido, pero consiguió volar al cielo y fue a protestar del cruel trato a Yoogo-Moora, el jefe de todos los Wandjinas.

Yoogo-Moora envió entonces a todos los pájaros, precediendo a los Wandjinas, para que encontrasen y espiasen el lugar del campamento aborigen. Localizado la posición, dijeron: "Estos son de los nuestros. ¡No podemos traicionarles!. Por lo que, en lugar de delatar a los hombres, se fueron y tomaron, para siempre, su actual forma de aves. Así todos los pájaros llevan pintado en sus plumas lo que hicieron para la preparación de la batalla.

Entonces Yoogo-Moora mandó a Ma-girri-girri el lagarto "ta–ta" o el "que camina a dos patas", para espiarlos. Y encontró en el campamento aborigen a más de 200 hombres de los clanes de Kullyumboo, Ngoong, Yowal-Ngoor-Ngoor, Konjalgnarrie, Kroogarna, Bullargnaardie, Marraygarnor y Wooloogorie.

"¡Ahí están!" Gritó Ma-girri-girri. Y los Wandjinas bajaron a la tierra en un lugar llamado Tunbai. Yoogo-Moora los lideraba, corrían colina abajo dejando grandes huellas tras de sí. Dejaron a sus mujeres en Nulleyrah (la sala de espera), donde se convirtieron en piedra, todavía visibles como charlarlars, pequeñas formaciones rocosas. Cuando los Wandjinas vieron el gran número de aborígenes, se detuvieron a planificar su ataque. Mowaljarlai dijo a Namarilay: "Solamente hemos hecho la guerra una vez. ¡Barrámosles de la tierra!". Siendo buenos espíritus, los Wandjina no utilizaban armas, sólo agua, y decidieron ahogar a todos sus oponentes. Llamaron a una pequeña nube, pero la lluvia no fue suficiente. Entonces dos Wandjinas se convirtieron en brolgas, subieron a la meseta del Box Creek, y empezaron a bailar de la forma en que lo hacen estas grandes aves zancudas. Y bailaron hasta que el suelo se convirtió en suave arena y emergió una fuente de agua, anegando toda la región.

Durante la batalla, algunos Wandjinas fueron lanceados por los aborígenes, pero agua y no sangre, brotó de sus heridas. La tortuga de cuello corto y el cocodrilo fueron los dos que fueron heridos y consiguieron escapar. Todos los aborígenes se ahogaron con la excepción de los dos jóvenes crueles y de sus respectivas familias. Un Wandjina se convirtió en un canguro hembra e invitó a los dos adolescentes a entrar en su bolsa o marsupio y así escapar. Y así el Wandjina se volvió a convertir en un baobab, encarcelando a los aborígenes en su interior. Sus familias oían sus gritos de socorro pero, cada vez que intentaban talar el árbol, una corriente de agua salía del tronco.

El punto más sagrado de la cultura aborigen
Wandjinas en sus primeros estados evolutivos

Cuando el agua remitió, Yoogoo-Moora decidió limpiar todo el campo de batalla y remover cualquier indicio de los crueles aborígenes. Llamó a un molino de viento y, antes de convertirlo en un gran eucaliptos, barrió todo el lugar. También dejó a dos viejos y barbudos Wandjinas para guardar aquel campo de batalla en la forma de dos enormes árboles, sus barbas están representadas por sus raíces aéreas.

Y reuniendo a todos los Wandjinas que tomaron parte en la contienda, Yoogo-Moora les pidió que pusieran su "poder" en el centro de la comarca. Aquel "poder" tenía la forma de Ungud, La Serpiente Arcoiris, que sacaron de sus estómagos. Yoogo-Moora transformó este poder en un baobab, y que todavía se encuentra en la región de Wanalirri.

Yoogo-Moora y Boonoo se transformaron en las dos enormes rocas que aún pueden verse en el mismo centro del lugar. Los otros Wandjinas regresaron a sus respectivos hogares, algunos aprovechando las corrientes fluviales que ellos mismos habían generado. La historia de sus viajes está descrita en las diversas galerías de pinturas del Kimberley.

En el norte, muchos creen que sólo existió un Wandjina, comúnmente conocido como Kaluru, y a veces Djaarla, quien duplicó su imagen en muchos lugares. En muchas galerías las pinturas se consideran representando familias de Wandjinas, como padres e hijos o incluso clanes.

Los Wandjinas se originaron durante el Lalai (Tiempo de los Sueños) y están asociados con las nubes del tipo cúmulo-nimbus, que anuncian la proximidad de la estación de las lluvias. Ellos controlan la lluvia, las tormentas, los ciclones y los relámpagos, y son los responsables de la vida y la muerte de todas las cosas.

La mayoría de los Wandjinas parece que se originaron en el norte de Kimberley, pero algunos viajaron desde el océano Indico. Llegaron y se establecieron en un determinado territorio y crearon accidentes geográficos, pero no en la escala atribuida a los ancestros zoomórficos. En muchos lugares construyeron monumentos pétreos (charlarlars) conmemorando grandes acontecimientos. Trazos del Lalai se entrecruzan por todo el Kimberley, la mayoría conmemorando la gran batalla de Wanalirri.

Los Wandjinas cazaron, pescaron, y enseñaron a los aborígenes cómo construir y utilizar ciertas armas, y les dieron leyes y ceremonias, incluyendo la escarificación de la piel y la circuncisión del pene. Después de completar estas tareas, "murieron" físicamente. Dejando sus "sombras" en las galerías de arte y sus espíritus regresaron a los cielos. Algunos se convirtieron en Ungud, la Serpiente Arcoiris y volvieron a la tierra. Los espíritus Wandjinas sobreviven en sus imágenes pintadas o "sombras", y juegan un importante papel en todas las fases de crecimiento y fertilidad de todo ser viviente. El espíritu Wandjina es "hermano materno" para el miembro del clan, una relación más profunda que la de padre e hijo.

Los Wandjinas influyen en la vida de los Aborígenes Los Wandjinas influyen en la vida de los aborígenes desde antes de nacer hasta después de morir. El espíritu de un recién nacido es enviado a la tierra en forma de lluvia o de rayo por un Wandjina o Ungud. Después de morir, el cuerpo del difunto es sometido a ceremonias de inhumación, antes de que sus huesos, pintados en ocre y envueltos en corteza de eucalipto, sean depositados en una galería de pinturas, devolviendo su espíritu a los Wandjinas.

Las galerías conteniendo sepulturas son conocidas como Puja-Ngurrim (lugares con cráneos) donde el difunto Ingalinj (espíritu o fantasma) guarda las pinturas. Estos sagrados lugares han ido manteniendo la tradición, y las pinturas se han ido restaurando a lo largo de los siglos. El último artista conocido y ya fallecido, George Djommery, dejó constancia de su arte en 1985.

Lo intentamos, deseábamos marchar algunos kilómetros por la garganta del río Keep, un río cuyo cauce seco no ofrecía ninguna aparente dificultad, pero fue del todo imposible. A mediodía el calor era tan insoportable que sólo conseguimos avanzar unos pocos cientos de metros, aunque fueron suficientes como para adivinar, cómo sería nuestro viaje una vez fuéramos penetrando en el Kimberley.

No habíamos hecho más que empezar.

Purnululu
Parque Nacional de Purnululu
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Fauna y Flora
Los márgenes del rio Keep estan poblados de grandes baobabs. Dada la proximidad de la estación de las lluvias, mostraban sus tiernos brotes.

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