Perth Una Rubia vestida ... ...de Negro Australia Occidental

l capuchino está delicioso, cremoso y con el justo detalle de polvo de chocolate para darle color. A estas alturas de viaje se ha convertido en una verdadera adicción. Un pequeño lujo del que nos es imposible renunciar. Esta tarde sabe mucho mejor que de costumbre. Acabamos de vender el vehículo que nos ha llevado de Darwin hasta Perth, 4.040 kilómetros que hemos recorrido en 8.200 idems, y tenemos una buena razón para celebrarlo.

–Ya lo ves, Beatriz. Hemos dado tantas vueltas que hemos llegado a doblar la distancia–. Comento a mi compañera de viaje.

–Todo está bien, cuando termina bien. –Añade– Lo que realmente me parece asombroso es que. ¡Sólo hemos padecido un pinchazo!–.

- ¡Sí! A mí también me cuesta creerlo. Siempre he tenido la sensación de que viajábamos en armonía, tanto con el entorno como con nosotros mismos. –Y continuo– Es muy difícil explicar esta emoción. Es como percatarse de que, aquel es el preciso momento en que debes realizar un determinado movimiento. Ir a un lugar o renunciar a él. Estar atento a las señales que aparecen a tu alrededor. En fin, darse cuenta de que te encuentras en el lugar adecuado justo en el momento oportuno–.

Final de una etapa
en la capital de Australia Occidental

–Algo así como el "Yin" y el "Yan" –replica, sonriendo mi media naranja–.

–Supongo que sí. Tú eres la experta en asuntos esotéricos. –Respondo– A mí me va más eso de Internet y el mundo real. Este mundo que ahora nos rodea. Hay que ver lo animada que está la calle.-

Del parque de los Koalas a...
Perth un 28-11-1997

–Un viernes por la tarde, el principio del fin de semana en Perth. –agrega– Y este barrio, Northbridge, está pegado a la ciudad. Lleno de cafeterías, restaurantes y pubs, no me extraña que atraiga a todos los fatigados ciudadanos ansiosos de una cerveza helada y alguna diversión añadida–.

–¡Esto es todo un espectáculo! –Comento– Sentados aquí, en esta terraza, viendo el ir y venir de la gente. ¡Y se supone que la mitad están de vacaciones! La vida real siempre supera a la ficción. A veces me pregunto cómo hay personas que se puedan aburrir o se pasen tantas horas delante de un televisor–.

a terraza, desde donde contemplábamos toda la acción callejera, pertenece a un "salón de comidas", traducción muy libre de "food hall", y se trata precisamente de esto mismo. Un salón donde se reúnen varios mini-restaurantes, la mayoría de comida asiática, una heladería y una tienda de licores, cervezas y vinos. Cada comensal elige el tipo de cocina que desea de unos menús fotografiados o reales. Paga y busca un sitio libre. La comida suele ser muy barata, buena y abundante. La bebida, o bien la compra en el tenderete correspondiente o la trae de su casa. Estos lugares son tremendamente populares en Asia y, dada la gran población de raza oriental de Perth, también se han popularizado en la ciudad australiana, añadiéndole un toque anglosajón que, justo es añadir, le cae muy bien.

–¿Cómo funcionaría un lugar así en España? –Me pregunto.

–Supongo que bien. Es muy parecido a los bares de los mercados que sirven tapas. –Argumenta Beatriz.

Al Norte, cruzando el... Puente de la estación El Barrio del Sábado Noche

–Sí pero, estas pequeñas cafeterías españolas sirven todas lo mismo. –Y añado– Se trataría de que una sirviera hamburguesas, otra comida china, otra mexicana y otra, tapas españolas, por ejemplo. Estuvieran pegadas las unas a las otras. Para luego compartir, en común, las mesas y el servicio de recogida y limpieza de los cubiertos.

–No sé si llegarían a ponerse de acuerdo tantas diferentes idiosincrasias como aquí parece que consiguen. –Manifiesta mi esposa.

recorriendo el lugar con la mirada, mi atención recae en una mujer rubia, vestida con una traje sastre de color negro. No lleva apenas maquillaje y el pelo recogido en un pequeño moño. Tiene el aspecto de haber salido de una de las oficinas que hay en los rascacielos vecinos. Su cara denota cansancio y está tensa. No ha sido el hecho de comprar una botella de vino blanco lo que me ha despertado la curiosidad, sino el que ha pedido dos copas y está sola.

Honesto

Con la bebida en una mano y las copas en la otra, se sienta precisamente en una mesa que ha quedado libre justo a unos metros de la nuestra, lo suficientemente cerca como para poder observar los detalles, pero no oir posibles conversaciones. Es obvio que espera a alguien. Miro el reloj y faltan diez minutos para las seis de la tarde.

La cerveza ayuda a los feos ...
A ligar !!!!!!!!!!!

–Aquí tienes un ejemplo de espectáculo callejero– Digo a Beatriz, poniéndola corriente –¡Vamos a tratar de adivinar lo que va a ocurrir!–.

–A mí me parece bastante claro. –Indica mi mujer– Tiene una cita con alguien. Tú tienes demasiada imaginación... -

–...Y nada mejor que hacer durante las próximas horas. –Añado.

El calor vespertino deshace rápidamente la condensación de las copas, justo cuando nuestra rubia, vestida de negro, se sirve una generosa cantidad del líquido ambarino. Llevándose la copa a los labios, lo paladea y, con una pequeñísima aseveración de su cabeza, lo aprueba. La otra copa permanece vacía.

–¡Ves! Esto indica que, o bien no sabe cuando va a llegar la persona que espera, o tiene mucha confianza con ella. –Elucubro– Podría ser su marido o amigo.

–O quizás, quiera solamente aparentar que espera a alguien y así no ser molestada por algún ligón. –especifica mi consorte.

a esquina entre Lake y Francis Street sigue llenándose de gente. Las terrazas ya no muestran ninguna mesa libre y el río de vehículos es continúo.

–Me gusta Perth, es una ciudad donde es muy fácil orientarse y.. ¿Sabes? –comento– Temo que tendré más dificultades en habituarme a la conducción por la derecha, de las que he tenido haciéndolo por la izquierda. Ayer, cuando estuve dando vueltas por la ciudad con los potenciales compradores del coche, me di cuenta de que iba respetando todas las señales de circulación, ¡Sin ni siquiera pensar en ello! -

–No creo que sea mi caso –Responde Beatriz– Yo apenas he conducido unos cientos de kilómetros y siempre en carreteras solitarias–.

–Eso será porque has querido –deploro– Ahora ya es un poco tarde para lamentarse–.

–¡No! ¡Si no me lamento! –aclara enseguida– Estoy de acuerdo contigo. Así seré yo quien conduzca los primeros días en Palma.-

a rubia, vestida de negro, objeto de nuestra atención, sigue sorbiendo lentamente su vino blanco. Faltan unos minutos para las seis de la tarde y justo a sus espaldas, un hombre camina despistado o buscando algo. Tropieza con una transeúnte y empuja ligeramente a nuestro personaje. Inmediatamente se disculpa con la primera y dirige unas palabras a la rubia. El individuo, más cerca de los cincuenta que de los cuarenta años, lleva una barba muy bien recortada y el pelo un poco largo, va vestido con un traje negro y corbata chillona. Por sus gestos adivinamos que debe ser el protagonista del encuentro. Se sienta en la mesa y, con una sonrisa de oreja a oreja y sin parar de gesticular, sigue hablando.

–Esto es, sin lugar a dudas, una cita a ciegas. –Aseguro– ¡Mira! Ahora se estrechan la mano. Los dos de negro, viernes por la tarde... ¡Parece que al sujeto le place su compañera!.-

Viernes tarde y noche
Sábados tarde y noche
Domingos.... resaca

A ella, como nos da la espalda, no podemos verle la cara que, por añadidura, la ha escondido detrás de su copa, asintiendo, de vez en cuando a los comentarios de su pareja... ¿De su pareja?

orpresivamente, el tipo se levanta y se dirige a la tienda de licores. Pide una caña de cerveza y un vaso de agua. Lo paga y vuelve a la mesa. La segunda copa sigue vacía y, nuestra rubia, no realiza ningún gesto que indique que vaya a ofrecer vino a su nuevo amigo.

–Aquí hay algo que no cuadra en el esquema –me extraño– Si el barbudo es el que espera... ¿Por qué no le ha convidado a beber de su botella?–

–Tal vez no le guste el vino –señala mi mujer.

–Puede ser, pero la rubia parecía muy segura de sí misma cuando ha comprado la botella. –Apunto– Y ésta, es toda una invitación, huelga mencionar lo caro que es aquí el vino. Seguro que ha pagado más de 20 dólares. De alguna manera hay que pagar el transporte público gratuito del centro de Perth, y en Australia, como en todas partes, sólo hay una forma... ¡Con más impuestos!–

–¡Pues sí! Ha sido una sorpresa descubrir que los autobuses no cuestan nada dentro del área metropolitana. –Indica Beatriz– Una magnífica forma para reducir la circulación entre los grandes rascacielos. No puedo imaginarme algo así en Suiza. ¡Allí hay que pagar hasta para poder dejar las bolsas de basura en la calle!–.

–Y el Palma de Mallorca... ¿Qué? –Puntualizo– Yo tampoco lo veo posible, pequeños autobuses con aire acondicionado, veinticinco plazas como máximo, recorriendo la zona azul cada siete minutos. ¡Una utopía!. Parece que hay cambios en la mesa de la rubia–.

Jóvenes y no tanto
Todos se encuentran y reencuentran

Otra rubia se ha añadido a la pareja. Vestida con una chaqueta de cuero negra, pese al calor, y unos tejanos deshilachados, parece la antítesis de los otros dos. No duda ni un instante y se sirve un poco de vino. Nos da la espalda y no podemos ver sus rasgos faciales. Su compañera parece mucho más relajada con su presencia y el hombre mucho más feliz.

–¡Vaya! Esto si que no lo esperaba. ¿Será que el individuo tiene cita con las dos? –Pregunto– No me parecen dos busconas, a pesar de que este es el barrio donde hay que ir a buscarlas en Perth–.

–Es innegable que la primera rubia esperaba a la segunda –observa mi acompañante– Y a nadie más. De ahí los dos vasos y no tres.-

–Puede que tengas razón. Si lo miras bien, hasta podrían ser lesbianas. –Me aventuro– No he visto la cara de la segunda, pero estoy seguro que la tiene de muñeca de porcelana. Y así como va vestida y actúa la del traje negro...–

–Me parece que tú ves demasiadas películas. –Niega Beatriz.

–Puede ser. –y amplio, levantándome de la mesa –Espera un momento, voy a confundirme entre los viandantes para verle la cara–.

, jugando a los espías baratos, camino hasta la esquina de Aberdeen Street, para regresar de inmediato.

La segunda rubia es, en efecto, muy hermosa. Las grandes gafas de sol no pueden cubrir sus gruesos labios carnosos pintados de rojo, su casi perfecta nariz triangular y su blanca y ancha frente.

Perth, una ciudad moderna Nacida y crecida gracias a la ... Fiebre del Oro

Lleva la larga melena rubia recogida con un lazo negro y sus tejanos muestran estos rotos tan de moda en puntos estratégicos. Al encontrarme tan cerca de su mesa, puedo ver como, la rubia del traje negro, completamente relajada, no tiene ojos más que para su amiga. Hago un poco el perdido, o el imbécil, cerca de ellos pero, no consigo oir ningún comentario. Todos están callados. Cuando regreso a nuestra mesa, el individuo se levanta, se termina su cerveza de un trago, y se va. Capto un pequeño suspiro de alivio de la primera rubia. La botella de vino se encuentra ya vacía.

–Bien, pues parece que no había cita a ciegas, sino encuentros casuales. –observo mientras ocupo de nuevo mi silla– Temo que, para ligar a las dos rubias, sea necesario primero, darse una vuelta por el Perth Mint–.

–Lo que realmente parece es que tu imaginación hace horas extras. –Asegura Beatriz– Y ahora que mencionas el Perth Mint. ¡Nunca esperaba que un lugar así tuviera las puertas abiertas al público!.-

Una pepita de oro Otra pepita de oro

El "Mint" es una fábrica de moneda y, el de Perth, está especializada en el más valioso de los metales. Durante el siglo XIX se produjeron varias "fiebres de oro" en Australia y, la última, ocurrió no muy lejos de aquí, a unos 700 km. al este, en la región que ahora se llama precisamente “Campos de Oro”. Kalgoorlie es su ciudad más importante y en donde se encuentra una de las mayores minas de oro a cielo abierto del mundo. El agujero es enorme y sigue creciendo. Sólo es necesario encontrar dos gramos del metal dorado por tonelada de mena, para que la explotación sea rentable.

Honesto

Tras pagar 5 dólares (500 pesetas) por persona, te entregan una diminuta pegatina que, teóricamente, impide que se activen las alarmas. Te aseguran que es muy fácil entrar y, no tanto, salir del lugar que, de verdad, parece una fortaleza. Cada hora hay una demostración de elaboración y moldeado de barras de oro, que licúa a 1.080ºC. Te muestran todo el proceso y las herramientas que utilizan, en lo que parece ser la fundición más antigua del planeta todavía en funcionamiento, utilizando las antiguas técnicas.

l circuito turístico te permite entrar en su caja fuerte, tres metros de cemento armado y puertas de acero de medio metro de anchura. Allí exhiben una magnífica colección de pepitas de oro. Las hay de todos los tamaños y formas. La imaginación humana nunca superará a la Naturaleza y estas pequeñas bellezas doblan su valor precisamente por su carácter singular. De la mayor pepita jamás hallada, sólo queda una fotografía, fue convertida en barras. El afortunado que la halló nunca llegó a saber que, la manía coleccionista de los seres humanos, hubiera podido hacerle todavía más rico. Allí dentro se tiene la oportunidad de pesar, con una sola mano, un lingote de oro tasado en más de 20 millones de pesetas.

La Fábrica de Moneda y Oro El Mint de Perth Una visita obligada

El Perth Mint es, además, una tienda, una joyería, donde se compran y se venden metales preciosos, oro, plata y platino. Se acuñan monedas y medallas conmemorativas. Hace únicamente unos treinta años dejaron de producir las de curso legal. Obviamente el precio oficial de estos metales es conocido y mostrado en grandes pantallas de televisión. El oro cotiza, el 12 de Enero de 1998 a las 13:45 hrs. : 435,18§ la onza. Cuando, por razones de mercado, éste se dispara, enseguida se forman colas a la puerta del edificio, con gente dispuesta a vender su oro o plata. Aunque no siempre consiguen verdadero beneficio, el precio de tasación es sobre el metal puro y no sobre piezas elaboradas. Las pepitas de oro, que se encuentran a la venta, doblan su precio por onza.

–Bien, son las siete de la tarde y creo que es hora de ir a cenar– Digo a Beatriz mientras mi estómago produce ruidos de cañerías atascadas.

oblamos la esquina de Francis Street y nos damos de bruces con el individuo de traje negro. Le pido disculpas y nos quedamos un momento parados para averiguar hacia donde se dirige.

–Tal vez regrese con las rubias y no haya sido una despedida al fin y al cabo. –Pienso.

Infinidad de Bares ...
Infinidad de Restaurantes
Todos en Northbridge

¡No! Pasa de largo y se detiene al lado de un cajero automático del Australian and New Zealand Bank. Pero no saca ninguna tarjeta, más bien pregunta, a una anciana inválida, algo. Nos acercamos entre la multitud de viandantes ansiosos de un "piss" (cerveza, en argot australiano) helado, para descubrir que, la mujer paralítica, baraja un tarot.

–¡Por Dios! Esto todavía no ha terminado –le digo a mi compañera–. Hagamos un poco de tiempo mirando escaparates. El hombre no puede adivinar que le espiamos. Tengo curiosidad por saber si regresa con las rubias–.

–Y la cena ¿qué? –Se queja Beatriz.

–Sólo serán unos minutos –Le aseguro.

Y así es. El sujeto vestido de negro da unas monedas a la vidente y continúa en dirección opuesta al bar donde están sentadas las rubias. Entra en un pub y, desde la acera opuesta, vemos como intenta ligar a un grupo de cuatro chicas.

–¡Se acabó la historia! Este es un ligón que busca plan para el fin de semana –Concluyo– ¡Vámonos a cenar! .-

Elegimos en el "Old Shanghai Food Hall", de distintos chiringuitos, diferentes especialidades, un curry con arroz para Beatriz y pato lacrado a la pekinesa para mí. Un par de cervezas de la tienda de licores y la factura sube a 16,80 dólares australianos (1.680 ptas.). Y justo cuando empezamos a digerir las exquisiteces, aparece de nuevo el ligón con ¡cuatro zagalas del brazo! ¡Y no son las que vimos en el pub!. Busca una mesa libre pero, tal es la muchedumbre, que lo perdemos de vista.

–¿Y las rubias, una vestida de negro y otra con tejanos ajustados y deshilachados? –Me pregunto– ¿Estarán todavía en el bar?

De vuelta al hostal de mochileros descubrimos que no están ya pero, unos metros más lejos, en la terraza de otro pub, mucho más lujoso, las localizamos acompañando a un joven, también rubio, con unos músculos a lo Stallone. De brazos profusamente tatuados, sirve vino blanco de una segunda botella en las, al parecer, siempre vacías copas. El trío parece sentirse muy a gusto.

–Como decimos en España: “Cada oveja con su pareja” –Comento en voz alta– Aunque, en Perth, parece que las parejas las forman más de dos individuos–.

El Mediterráneo australiano Mismo clima con vegetació,n similar
Y las estaciones invertidas Y Perth, su capital

–Es hora ya de marcharse –Anuncia Beatriz– Es hora ya de comenzar la tercera parte del viaje a Australia. Vayámonos a Alice Springs y a presentarse ante la roca más famosa del mundo. Volvamos a los calores tórridos del corazón rojo de este viejo continente–.

Vamos a guardar buenos recuerdos de Perth, la capital del estado de Australia Occidental que, con una superficie urbana similar a toda Mallorca, sólo viven 1,4 millones de australianos. Sólo hay rascacielos y edificios altos en el centro, el resto, viviendas unifamiliares con su garaje y su jardincito rodeando la casa.

En Australia es, más que evidente, que, lo que de momento sobra, es espacio.

Indice Europeo Indice Asiático Indice Africano Indice Norteamericano Indice Sudamericano Indice Australiano & Pacífico

Regresa a la Portada

Hecho por © Antoni Ramon Bover (2000)