"Ellos vinieron cuando todo era oscuridad y silencio y la tierra era estéril y fría. Ellos vinieron de los cielos, surgieron del suelo y viajaron a través del territorio.
Ellos fueron nuestros antepasados. Fue el amanecer de la Creación. Fue el Tjukurpa ... el Tiempo de los Sueños.

"Ellos vinieron cuando todo era oscuridad y silencio y la tierra era estéril y fría.
Ellos vinieron de los cielos, surgieron del suelo y viajaron a través del territorio.
Ellos fueron nuestros antepasados. Fue el amanecer de la Creación.
Fue el Tjukurpa ... el Tiempo de los Sueños.
Así como la Madre Sol calentó la tierra con sus rayos, la vida nació...
Esta es nuestra herencia.
Estos son nuestros santuarios. Estos son los "sueños" que pintamos".
"Durante el Tjukurpa los espíritus ancestrales viajaron por la tierra formando el paisaje.
Los lugares sagrados que marcaron sus rutas pueden ser extraordinarias formaciones rocosas,
simples colinas, pozas o, simplemente un árbol" ...


Colores Aborígenes Nuestra ruta en NT

Una nueva etapa de este periplo por Oz. Tentamos de nuevo a la suerte y nos introducimos de nuevo en el mismo corazón rojo de Australia con un guía y 21 turistas de varias nacionalidades. El hostal para mochileros Melanka, en el mismo centro de Alice Springs, cuenta con el pequeño lujo de tener aire acondicionado y absorbe a todo cuanto loco viajero quiere acercarse a la que, probablemente, sea la roca más famosa de este planeta todavía azul: Uluru. y que es roja.

Una ciudad como Alice Springs

No importan los 44°C a la sombra de mínima, ni el enorme complejo turístico de Yulara, construido en mitad de ninguna parte. La magia del lugar es tan grande que difumina a todo cuanto hortera osa acercarse.

–¿Te acuerdas de la primera vez que aterrizamos en el aeropuerto de Alice Springs? –Comento a Beatriz cuando entramos en la terminal de vuelos domésticos.

¿Te acuerdas de la primera vez que aterrizamos en el aeropuerto de Alice Springs? Recuerdo la fatiga muscular después de más de treinta horas de vuelo y las ganas enormes de llegar de una vez. Como todos los aeropuertos de Australia, el de la pequeña ciudad del centro del país...
La calle Todd, vía comercial de Alice Springs No desdice en lo que a limpieza y organización se refiere Alice Springs, una ciudad en mitad de ninguna parte.

–Recuerdo la fatiga muscular después de más de treinta horas de vuelo y las ganas enormes de llegar de una vez. –Responde, corriendo en busca de unos lavabos.

Como todos los aeropuertos de Australia, el de la pequeña ciudad del centro del país no desdice en lo que a limpieza y organización se refiere y, como va siendo ya una magnífica costumbre, el traslado al centro está incluido con el precio de la estancia, sea cual sea la categoría del establecimiento elegido.

Mientras esperamos el equipaje recordamos el largo vuelo desde Perth.

–¡Qué extraño! , Yo creía que el piloto nos avisaría cuando sobrevoláramos Ayers Rock –Manifiesta mi mujer– –Menos mal que miraba por la ventanilla!.

Vista aérea de Uluru (Roca Ayers)

–Tal vez como la Roca se hace tan evidente sobre aquel inmenso llano, simplemente se olvidó. –Digo, mientras voy cargando las mochilas en el carrito– Está haciendo mucho calor de nuevo, es prioritario tomarse las cosas con mucha calma. El aire es tan caliente que si haces movimientos bruscos, te quema la piel–.

Apenas una docena de kilómetros nos separan del centro de Alice Springs y nos llevamos una sorpresa cuando averiguamos que, a pesar de hallarnos en temporada baja, principios de enero, el Melanka está harto animado. Las habitaciones son bastantes simples pero cuentan con algunos lujos a los que no estamos del todo habituados: aire acondicionado, un lavabo y una pequeña nevera.

Y siguiendo la rutina de viaje, nos descargamos del peso de los bultos para satisfacer las necesidades básicas. ¿Dónde comer y beber? ¿Dónde encontrar información precisa sobre nuestro próximo paso?

Alice Springs cuenta con apenas 25.000 habitantes y ocupa un amplio valle a los pies de la cordillera McDonnell, a orillas del casi siempre seco río Todd. Casi a mitad de camino entre el norte y el sur de esta isla–continente, nació como una simple estación de telégrafo y una parada para los pioneros, buscadores de oro y ganaderos del siglo pasado, donde podían tomarse una cerveza en alguna de sus múltiples tabernas y preguntarse una vez más... ¿Porqué tenía que hacer tanto calor?.

La bandera oficial del estado australiano de los Territorios del Norte El albergue Melanka nos alojó mientras...
Ondea en lo alto de la colina que domina Alice Springs Visitamos Alice Springs.

Las viejas y polvorientas calles han sido asfaltadas y las tabernas se han convertido en pubs con aire acondicionado. La vía comercial de la calle Todd está plagada de galerías de arte aborigen, joyerías donde ofrecen iridiscentes ópalos australianos y unos multicines donde podemos ver la última versión de "Titanic". Los supermercados ofrecen toda suerte de productos alimenticios y no tanto, las veinticuatro horas del día. Y si se busca con algo de suerte y paciencia, se puede encontrar el chiringuito donde se come bueno, bonito y barato.

Justo hasta este oasis llega el Ghan, el tren que intenta unir el poblado Sur de Australia, con la capital de los Territorios del Norte, Darwin. La vía consiguió llegar hasta aquí gracias a los camelleros afganos y al desprecio de los blancos por las tradiciones aborígenes. Difícilmente conseguirá llegar a su destino final, el Tjukurpa se lo impide, de modo que el abastecimiento del Lejano Norte se cubre a través de la ruta Stuart, por los camiones–trenes de carretera.

Los distintos pueblos aborígenes están reclamando la devolución de sus tierras, allí donde puedan demostrar que, sobre ellas, vivieron sus antepasados. El pueblo Anangu ha recuperado hace tan sólo unos años, el control sobre el que, probablemente, sea el parque nacional más conocido de Oz: Uluru & Kata Tjuta. Conocidos como Ayers Rock y Mts. Olgas. Punto de destino obligado de todo cuanto turista se acerca a "DownUnder".

–Y bien, ¿Cómo vamos allí? –Me pregunto– Alice Springs es un moderno centro urbano, pero no hay que olvidar que, al fin y al cabo, estamos en mitad del Gran Desierto Rojo. Fuera de la ruta Stuart... Polvo, piedras y tormentas el&eíacute;ctricas–.

–Hagamos lo mismo que hicimos para visitar el otro gran parque del Norte: Kakadu –Sugiere Beatriz, mientras sorbe el refresco de mango y naranja que se ha convertido en nuestra bebida favorita–. Contratemos una excursión organizada.

Sorry, your browser doesn't suppor Java. A Billy Harris vale la pena describirlo. Ciento veinte kilos de antiguo marine australiano. Calvo y con la dentadura gastada de tanto fumar y comer dulces. Vestido con los eternos pantaloncitos verdes australianos, muy ceñidos a la pelvis y camisa desabrochada luciendo sus tatuajes. Conductor, guía, cocinero, camarero, mecánico y padrecito de todos los que vamos a compartir el minibus durante tres días y 1.350 kilómetros de sangre, sudor y lágrimas.

La salida de Alice Springs debe realizarse a la salida del Sol y Billy, como buen pastor experimentado, reúne a sus ovejas, perdón, turistas. Se presenta y casi obliga a introducirnos uno a uno para que vayamos conociéndonos. La táctica nos es conocida ya de nuestra vieja amiga Helena de Darwin (NT) y, lo cierto, es que funciona. La mayoría de nuestros compañeros de viaje son europeos y... ¡tres japonesas!.

Conduciendo con una mano el minibús, de marca nipona, a su máxima velocidad, con la otra nos explica cuándo y dónde será nuestra próxima parada: Una granja de camellos. Los descansos están perfectamente calculados con relación a la capacidad media de una vejiga urinaria humana. Billy nos cuenta que, gracias a los camelleros afganos del siglo pasado, Australia posee la mayor reserva de camellos salvajes del mundo, exportándolos a Arabia Saudita como animales de pura raza, para las grandes carreras que se celebran allí. Nos preguntamos el porqué no se celebraran carreras de canguros rojos en algún país rico en petrodólares y, de este modo, el gran marsupial australiano tendría más probabilidades de supervivencia.
La primera parada se realiza en una granja de camellos. Herencia de los camelleros afganos del pasado siglo, en Australia se encuentran, todaví camellos en estado salvaje.
La llanura que atravesamos es monótona. La vegetación no cambia, mulgas y spinifex.

Pero hay que seguir camino, y el itinerario es muy preciso y estricto. Hay que llegar a nuestro destino antes de la puesta del Sol.

Cuando Billy no nos cuenta alguna anécdota, nos recomienda que no dejemos de beber agua y predica con el ejemplo. Un enorme "eski" de veinte litros está estratégicamente situado en mitad del vehículo al alcance de todos. Hace sonar música country australiana por los altavoces mientras se toma un respiro. La temperatura no deja de subir y subir. La llanura que atravesamos es monótona. La vegetación no cambia, mulgas y spinifex. De vez en cuando cruzamos algún torrente que llaman río, allí abundan más los eucaliptos, y al hacerlo sobre el río Finke...

–Ahora cruzamos el río más antiguo del planeta –Anuncia Billy, entre trago y trago de refresco de cola– Dicen los geólogos que el río Finke no ha cambiado jamás su curso. Tal vez sea porque casi nunca lleva agua.

Un anciano Anangu
Buen conocedor del Tjukurrpa

Y continúa nuestro guía, un inmenso pedazo de humanidad, sin dejar de apretar a fondo el acelerador.

–El primero que distinga la Roca en el horizonte le pago una cerveza, pero si alguien se equivoca... ¡Me la paga a mí!–

¡Aquí hay truco!

Billy nos había informado que este era su viaje 280, así que no cabe la menor duda, se conoce el camino al dedillo.

Aparece un monte en el horizonte y ¡Nadie abre la boca!.

–¿Es que nadie ve aquella gran montaña? –Se queja nuestro guía–.

–¡Oh sí! ¡Pero no es Uluru! –Gritamos todos casi al unísono– La Roca Ayers es demasiado popular para no ser reconocida–.

–Parece que conduzco a un grupo de turistas que no desean pagarme una cerveza –Se ríe Billy– ¡En efecto! Se trata del Monte Conner y jugó, hace más de 600 millones de años, un papel fundamental en la formación geológica de Uluru y Kata Tjuta. –Y continúa– Estos tres accidentes orográficos se formaron casi al mismo tiempo, son distintos, pero semejantes. Esta montaña es también de granito pero se ha ido erosionando formando lo que ahora podemos ver, una meseta superior y enormes rocas a su alrededor. La Roca Ayers, quedó de canto durante los grandes terremotos que siguieron a, la que debió ser, una impresionante erupción volcánica. La erosión, en ella, actúa de una forma distinta, desgasta a su singular granito en forma de pequeños copos de roca. Los Montes Olga están formados por conglomerados rocosos, nada tienen que ver con estas montañas, pero fue su formación lo que empujó a los sedimentos y cantos rodados que definen su textura. Todo lo vamos a ver claramente dentro de un par de horas–.

Pinturas parietales aborígenes. Se encuentran en las hoquedades de Uluru.
La Roca Ayers cuyo antiguo nombre ... Uluru, va imponiéndose.

Una nueva parada para aligerar los vientres en la estación ganadera Curtin y unos kilómetros más y aparece la silueta, primero rosada, y luego ocre de Uluru.

Todos son prisas. Corriendo entramos en Yulara para ir a tomar posesión de nuestro campamento. Corriendo bajamos las mochilas y preparamos las tiendas. Corriendo hacemos una visita al enorme edificio de las duchas y lavabos. Corriendo otra breve visita al supermercado y corriendo nos dirigimos a la entrada del parque propiamente dicho. Una mujer Anangu, la tribu aborigen que tradicionalmente ha poblado la región, vestida con una camisa de color caqui cargada de emblemas de parque nacional, nos entrega una entrada válida para tres días después de abonar 15 dólares australianos, unas 1.500 pesetas. Todo deprisa y corriendo. La puesta de Sol no espera y tenemos un horario que cumplir.

La enorme masa de la Roca Ayers está presente, cubre todo el llano horizonte y llena el parabrisas del automóvil.

–Debo reconocer que estoy impresionado –exclamo– Siempre tenemos la tendencia a suponer que las gentes famosas son grandes y los monumentos pequeños y cuando lo comprobamos en la realidad, las escalas se invierten–.

–Así es –responde Beatriz– ¡Y lo que vemos es una pequeña parte, como la punta de un iceberg!

Uluru se va desplazando hacia el sur a medida que corremos hacia el oeste y se van dibujando las redondeadas masas pétreas de Kata Tjuta. El medio centenar de kilómetros que separan ambos accidentes orográficos los mantienen a ambos, dentro del campo visual, a pesar de la calima generada por el calor reinante. Billy nos Los Anangu son los pobladores del lugar. anuncia que el Valle de los Vientos está cerrado debido precisamente a las altas temperaturas, el termómetro superó los cincuenta grados y las paredes rocosas actúan como un horno. La deshidratación es rapidísima y debemos conformarnos con únicamente asormarnos a la entrada. Un pequeño sendero de cantos rodados se introduce entre las enormes moles de conglomerados pétreos. El silencio es absoluto.

El cuerpo humano está compuesto de casi un setenta por ciento de agua, la sudorización es constante aunque debido a la extrema sequedad reinante no la apreciamos, y la gran tortura australiana hace su aparición: Las moscas cojoneras. No llegamos a comprender de dónde pueden salir y cómo es posible que haya tantas. Son pequeñas pero insistentes, se introducen por los orificios corporales en busca de algo de humedad y es inevitable tragarse alguna en un momento de descuido. Billy ha preferido esperarnos en el minibús y mantenerlo con el motor en marcha. Es consciente de que no nos alejaremos demasiado y nos ha advertido de que está terminantemente prohibido salirse de la senda. El Tjukurpa de los Anangu prohibe a los no iniciados la escalada de los casi seiscientos metros de altura de las Olgas, o Kata Tjuta. Al igual que Uluru, o la Roca Ayers, son lugares sagrados donde moran los espíritus ancestrales del Tiempo de los Sueños.

Después de sacudirnos los centenares de moscas cojoneras que han tratado de introducirse en el vehículo y habernos refrescado con unos sorbos de agua fresca del "eski", Billy nos introduce en el Tjukurpa.

El término Tjukurpa es propio de los Anangu y corresponde a su Tiempo de los Sueños o Génesis australiano. Más de veinte mil años de observación de la Naturaleza de la Región Central de Australia y su éxito en la supervivencia en un medio tan hostil.

Kata Tjuta, el otro lugar sagrado de los Anangu El lugar forma parte muy importante del Tjukurrpa El Tiempo de los Sueños
Fueron conocidas también como Las Olgas Llegamos demasiado tarde, hacia demasiado calor y... El ataque de las moscas se hizo inaguantable.

"Antaño, el país estaba cubierto de agua salada. Esta agua fue atraída hacia el norte por gentes que la querían y la quieren para ellos solos. Se salieron con la suya y, desde entonces, el agua salada se quedó con ellos.

En el Tiempo de los Sueños, en la época Tjukurpa, sólo había una vida sobre la tierra. Una vida inmóvil, representada por una masa embrionaria gigantesca, transparente, hecha de una amalgama de seres inacabados, replegados sobre sí mismos. Y estos proyectos de seres pertenecían cada uno a una especia animal o vegetal.

Impreso en una materia primigenia se encontraba todo el devenir de la Humanidad. ¡Todo El pasado, el presente y el futuro del mundo se hallaban allí latente ¡"Aquel que salió de la nada y existe por sí mismo" , el llamado Ser Supremo, modificó esa masa. Esculpió con ella un cuerpo, brazos, manos, piernas y una cabeza. En una de las caras de la cabeza, practicó dos orificios para los ojos; formó la nariz. Hizo una hendidura para la boca y un agujero para el ano. Así fue como los entes inacabados fueron transformados en seres capaces de sostenerse en pié.

Cada hombre y cada mujer quedaron ligados a la especia animal o vegetal de la que habían salido; y ese animal o vegetal se convirtió en su Tjukurpa. Así pues, en cada uno de los seres humanos, en cada uno de los animales, de las plantas y los minerales, en las estrellas y en el aire y en el agua, el Ser Supremo, la Energía vital sagrada, difundió su esencia divina, haciendo entrar en una sola, pero inmensa familia, a todas las formas de la Vida. Pero, por desgracia, retenido por el cosmos, no dispuso de tiempo suficiente para concluir su obra y los hombres nacieron imperfectos. Enriquecidos por el Conocimiento primordial del que habían surgido, inspirados por la esencia divina de la que estaban impregnados, los Grandes Antepasados, criaturas gigantescas, ni hombres ni animales, se pusieron a crear el mundo tal y como es ahora. En la inmensa llanura inacabable que era la tierra, crearon los ríos, las colinas y todos los accidentes del terreno. Promulgaron las leyes destinadas a vincular a todos los hombres entre sí por medio de parentescos sumamente complicados, parentescos que se imbrican los unos en los otros, naciendo aquí para reanudarse allá, arrastrando a todos los miembros de un pueblo en un verdadero torbellino de obligaciones de ayuda mutua, encadenando los unos a los otros desde el nacimiento hasta la muerte. Asimismo, proveyeron de vínculos parecidos a los diferentes pueblos. Así, de norte a sur, de este a oeste, los parentescos creados tejieron una gigantesca telaraña cuyos hilos nos guían y protegen desde entonces. Luego, antes de desaparecer, antes de que concluyera el Tiempo de los Sueños, cuando aparecieron los hombres en su forma actual, les dijeron: "Este es vuestro país. Lo hemos creado para vosotros. Aquí viviréis y lo conservaréis tal como os lo entregamos. No lo dejaréis nunca, pues sois sus Guardianes. Sois los Guardianes de nuestra Creación".

Pinturas parietales aborígenes Murales pintados en todos los refugios rocosos.
Representan escenas del Tjukurrpa El Tiempo de los Sueños

Todo nos sonaba muy familiar, aunque la primera sorpresa nos la proporcionaba el mismo Billy y su descomunal humanidad. Juzgamos siempre a las personas por su físico y por sus primeros actos y, por regla general, nos equivocamos soberanamente en nuestras conclusiones.

¿Quién iba a suponer que aquella enorme masa humana, bebedor empedernido de cerveza, pudiera conocer y, por la fuerza de sus palabras, llegar a creer, en las raíces de la cultura más antigua de este planeta, todavía azul, y que se hallaba vigente a finales del siglo XX, después de más de veinticinco mil años?.

Billy realizaba su viaje número 280 a Uluru, y lo realizaba con la misma ilusión que el primero. Y continuó.

"Aquel fabuloso pasado que narra el Tiempo de los Sueños, no se ha perdido para siempre. Se ha convertido en un mundo paralelo, inaccesible en tiempo normal, pero en el que, durante unos instantes, en el transcurso de algunas ceremonias religiosas, por los poderes surgidos del canto y la danza, del ritmo y de las pinturas rituales, por todos aquellos poderes que transcienden las fuerzas psíquicas de los aborígenes, logran hacerlo revivir. Entonces se remontan al Tiempo de los Orígenes, al Tjukurpa. Pues, soterrado en lo más profundo de su ser, poseen el Conocimiento esencial y mantienen la perfecta armonía con la Creación".

Y ha llegado el momento de buscar un lugar adecuado para lo que nosotros y los miles de turistas vienen, en peregrinación, a la Roca, a Uluru, a contemplar como los rayos de un Sol castigador empiezan a jugar con las sombras del monolito y las capas de aire recalentado para regalarnos con la visión de un ocaso único cada día.

Cartel indicador de los lugares sagrados Pero el lugar adecuado puede ser distinto cada día. Los Anangu, ancestrales pobladores de la región, han delimitado un área para los vehículos pequeños y otra para los de mayor capacidad humana. Toda la Roca, todo el terreno circundante, toda el territorio es sagrado. Debemos aceptar sus términos, es su casa, un hogar recientemente recuperado y, al igual que ellos, nosotros tenemos también nuestros ritos. Multitud de mesas de plástico y metal se despliegan sobre el asfalto. Se cubren de blancos manteles de tela y aparecen docenas de botellas de vinos espumosos, de cava. De los pequeños vehículos salen copas de cristal; de los grandes, vasos de plástico.

Placas conmemorativas de los accidentes en la subida a la Roca ¿Y porqué brindamos? Será porque hemos llegado hasta aquí, al mismo corazón del Gran Desierto Rojo australiano, una meta para unos pocos elegidos... ¿Unos pocos?. De nuevo nos acomete la sensación de que nuestros grandes viajes tocan a su fin. De que toda nuestra vida va girando, dando vueltas hasta que, el 28 de Enero de 1998, regresemos a Mallorca, y sólo faltan diez días.

El calor, la sed, la gran cantidad de turistas japoneses, la media docena de australianos en pantaloncitos ceñidos a su pelvis, buscando clientes para un vuelo en helicóptero sobre Uluru... Me apropio de una botella de cava recién salido del "eski" de Billy y la levanto por todos nosotros, por todos vosotros y, en especial, por todos ellos. Los Anangu han recuperado su Parque Nacional, pero el año 2000 está muy cerca.

Estamos en temporada baja, disfrutando de las temperaturas más altas del año. Poca actividad en el camping de Yulara y Billy nos pregunta si no deseamos acercarnos al centro comercial antes de replegarnos a las tiendas y preparar la cena.

Billy muestra siempre un interés inusitado en acercarse a lugares "civilizados". Al principio pensamos que necesita agenciarse de grandes cantidades de dulces y helados para poder soportar mejor la necesidad de ingerir alcohol. Nunca bebía estando de servicio. La verdad es otra mucho más romántica. Billy está enamorado y busca desaforadamente un teléfono para intercambiar unas palabras con su amada. Lo descubrimos por casualidad, sentados en la veranda del centro comercial de Yulara, mientras los demás se aprovisionaban de tabaco y cervezas. Necesitaba evaporar las últimas burbujas del cava y elegimos un banco junto a la cabina telefónica.

–Se te ve muy feliz – le digo a Billy después de que colgase el auricular.

–Me voy a reunir con Jenny pasado mañana, en el Kings Canyon –sonríe feliz, mostrando sus pocos y negros dientes.

–¡ Ah ¡No lo sabéis –continúa– Jenny es mi prometida, nos casaremos dentro de un par de meses y nos iremos a vivir a Suecia–.

–¡A Suecia! ¡A Europa! –nos extrañamos.

–Sí, Jenny es sueca. –Añade como si fuera lo más normal del mundo– Vámonos, los otros esperan y todavía tengo que cocinar nuestra barbacoa australianaþ.

Ha sido todo un descubrimiento y no podemos evitar sentir una enorme curiosidad por conocer a Jenny.

A estas alturas de viaje las barbacoas australianas nos son ya muy familiares: Enormes hamburguesas de búfalo, pedazos de carne de buey y canguro, junto con grandes salchichas que no saben a nada y que Billy traga con fruición, regado todo con abundante cerveza amarga. Nuestro guía ya no está de servicio y tiene que alimentar a su gran humanidad.

Pinturas parietales aborígenes Representan a todos los espíritus que ... Moran en Uluru desde el Tiempo de los Sueños
Moran en Uluru desde el Tiempo de los Sueños Uluru, la Roca Ayers despu&eeacute;s ... De la Puesta del Sol

No debí de beber tanto cava. El calor, el cansancio, el olor a grasa quemada, no conseguí disipar todas las burbujas. Mañana debemos madrugar para cumplir el segundo rito turístico: orto solar sobre Uluru.

Y continúa...

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